post

MANIFIESTO Segunda Travesía por el Suroeste: Un Abrazo a la Montaña

Caramanta, 14 de Agosto de 2016

MANIFIESTO

SEGUNDA TRAVESÍA POR EL SUROESTE: UN ABRAZO A LA MONTAÑA

Justicia social y ambiental para la construcción de paz territorial

Entre los días 8 y 14 de agosto de 2016, las organizaciones indígenas, campesinas, sociales y ambientales, mujeres, jóvenes y hombres del Suroeste de Antioquia, hemos abrazado la paz, la vida, el agua y el territorio en las sagradas montañas del Cinturón Occidental Ambiental Colombiano, Un Abrazo que sigue afianzando  el amor por nuestra Madre Tierra.

Jardín, Resguardo Indígena Karmata Rua, Andes, Hispania, Resguardo Indígena Hermenegildo Chakiama, Bolombolo, Peñalisa, Tarso, Pueblorrico, Jericó, Támesis, Valparaíso y Caramanta, unieron sus corazones para expresar que el Territorio COA es Sagrado para la Vida.

El SÍ a la Vida, al Agua y al Territorio  define la apuesta por un SÍ A LA PAZ en el que la Justicia  Social y Ambiental debe ser la matriz para su construcción, debe partir del reconocimiento y el respeto a la Vida en sus múltiples expresiones.

Construir esta apuesta implica de-construir  acciones de violencia que atentan contra los cuerpos, las familias, las comunidades, las tierras, las aguas, los territorios, nuestras culturas y perspectivas de vida. Es necesario abordar nuestras historias y entender las causas del conflicto armado y  los conflictos socioambientales  que tanto han desangrado al pueblo colombiano y a la madre tierra.

Si bien el silenciamiento de las armas no es suficiente para la construcción de una Paz Territorial, consideramos que es un proceso necesario y urgente  para lo cual exigimos que se le dé una solución política al conflicto armado en Colombia, a partir de los diálogos entre el Estado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia  (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la Población Civil. Exigimos desmontar el uso de las armas y cambiar sus sonidos de guerra y muerte por diálogos y entendimiento, para que podamos reconocernos, discutir y construir a partir de las diferencias. La reconciliación de nuestros pueblos indígenas, afros y campesinos es necesaria y urgente para no seguir perpetuando las políticas de guerra y muerte en el país.

De esta manera, la Justicia Social y Ambiental y la Paz Territorial la construimos a partir de  POLÍTICAS PARA LA VIDA, emergentes de propuestas comunitarias que se definen a partir de perspectivas históricas, actuales y futuras.

Acogemos el SÍ en el Plebiscito de los acuerdos en la Habana y, aunque no es suficiente para la definición de la PAZ, consideramos que es un paso, ente muchos que debemos dar, para defender nuestro principio universal de que la Vida de los pueblos indígenas y campesinos, ríos y montañas son Sagrados. La guerra, las armas y la violencia han atentados contra  vidas indefensas, desencadenando consecuencias nefastas de odio y muerte. Consideramos que es necesario ampliar el debate y exigimos la participación de las comunidades que también estamos construyendo paz en el Territorio para que el Estado y las insurgencias colombianas entiendan que para llegar a la PAZ  es necesaria la Justicia Social y Ambiental, no queremos estar condenados a  las políticas de muerte y expropiación.

Nuestra Justicia Social y Ambiental nos obliga a señalar que los conflictos socioambientales son una amenaza de Paz Territorial latente ya que la naturaleza no sólo ha sido víctima del conflicto armado sino de un modelo de desarrollo que  pretende destruirla a partir de megaproyectos mineros, energéticos, petroleros, agroindustriales y privatizarla mediante políticas conservacionistas de economía verde. Es necesario reflexionar acerca de las amenazas al territorio que se siguen presentando desde el modelo extractivista y que no desaparecerán con la refrendación de acuerdos con las insurgencias, sino que, infortunadamente, se acrecentarán como consecuencia de las garantías que el gobierno Santos entrega a las corporaciones trasnacionales en lo que se conoce como la paz corporativa, es decir, el intento del ejecutivo colombiano por pacificar al país para entregar amplias zonas del territorio nacional a las corporaciones trasnacionales. Las nuevas amenazas se disfrazan hoy de pequeñas y medianas centrales hidroeléctricas presentadas como proyectos amigables con el ambiente, los proyectos mineros y también con estrategias de supuestas interlocuciones con empresas nacionales y trasnacionales en las que prima la asimetría de poder en la que la institucionalidad se pone al servicio de intereses económicos, bajo los mismos trasnochados argumentos de la necesidad del desarrollo y progreso, y desconoce los derechos de la población a decidir sobre su presente y futuro territorial.

La Paz Territorial nace del principio de que la vida es sagrada, en el Suroeste de Antioquia EXIGIMOS UNA PAZ TERRITORIAL SAGRADA PARA LA VIDA, UNA JUSTICIA SOCIAL Y AMBIENTAL SAGRADA PARA LA VIDA, con la cual se nos pueda garantizar el reconocimiento de sentidos y prácticas de vida que definen la autodeterminación territorial, la armonización con el agua, la biodiversidad, el patrimonio arqueológico-histórico-cultural, comunidades indígenas y campesinas, economías propias, organizaciones sociales y participación.

Esta PAZ TERRITORIAL debe partir de nuestros sueños, sentimientos y expectativas para el buen vivir, en  un Territorio Sagrado para la Vida que se construye en las majestuosas montañas del Territorio COA – Cinturón Occidental Ambiental.

 Esta es nuestra propuesta:

MANDATAMOS

Aguas Sagrada para la Vida:

  • Reconocer el agua como bien común y público, determinante en las territorialidades campesinas y étnicas y en la producción alimentaria. Sin Agua no hay vida y sin ella es imposible construir territorios de paz justos y democráticos (Roa & Urrea, 2015, pág. 203).
  • La gestión pública y comunitaria del agua debe estar en manos del Estado o de comunidades organizadas
  • El país requiere, a parte de una reforma agraria, una reforma acuaria. A las personas víctimas se le deben restituir tanto las tierras, como las aguas; esto es, restituir ciénagas, lagunas, ríos que fueron apropiados por los terratenientes durante la guerra. Aguas que son determinantes para la reproducción social, cultural y espiritual de cientos de comunidades ribereñas y cienagueras que han vivido de la pesca.
  • Detener cualquier acción que afecte los bienes comunes, en especial las aguas, pues negar o afectar su acceso implica violar los derechos humanos y de la naturaleza.

 

Economías Indígenas y Campesinas Sagradas para la Vida

  • Declarar de utilidad pública la cultura indígena y campesina del Suroeste de Antioquia, las prácticas sociales, económicas, espirituales, culturales y ambientales asociadas a ellas, como patrimonio intangible, dando el reconocimiento al Suroeste de Antioquia como un Territorio Sagrado para la Vida.
  • Las autonomías y soberanías alimentarias, los procesos agroecológicos, las economías propias y los circuitos económicos solidarios serán fundamentos centrales hacia la construcción de política pública de agricultura autónoma.
  • Que se reconozca al campesinado de Colombia como sujeto de derechos.
  • Las semillas son un patrimonio al servicio de la humanidad. Las semillas libres en manos de los pueblos será determinante en la construcción de un país en paz, y garantía para la autonomía y soberanía alimentaria.
  • La agricultura campesina alimenta al mundo y puede enfriar el planeta. La defensa de la agricultura campesina es indispensable en la construcción de la Paz Territorial (Ibidem).
  • Frente al modelo minero-energético, consideramos necesario declarar una moratoria en la que: se ponga en consideración qué tipo de minería hay hoy en el país y para qué intereses; qué tipo de producción energética se tiene y cuál se necesita:

– Se ponga en debate nacional la categoría de utilidad pública de la minería y las represas.

– Se analizase por medio de una comisión independiente la legalidad de los títulos y concesiones.

– Se avance en la construcción de la categoría de afectados por megaproyectos (algunas organizaciones hablamos de víctimas del desarrollo) y en las formas de reparación integral a esos afectados.

– Se reconozca la naturaleza como víctima del conflicto.

– La construcción de la política pública debe incorporar como bases del ordenamiento a las aguas y a los bienes comunes esenciales para la garantía de la vida. La política pública no debe mantenerse como una construcción exclusiva de la institucionalidad corrupta y deslegitimada, protegida en el estado. Lo público se construye desde el proceso legislativo popular y comunitario y de allí emerge una nueva concepción de poder frente a un Estado deslegitimado y entregado al corporativismo.

  • Una política minero-energética transformadora debe tener como base la soberanía energética construida en las prácticas concretas de los Pueblos. La Soberanía energética implica la autodeterminación, la priorización, la tecnología al servicio de los pueblos y se relaciona directamente con las soberanías  hídricas y alimentaria.

 

Organizaciones y Participación Comunitaria Sagradas para la Vida

  • Construir, reconocer y acoger dentro de los planes de desarrollo y esquemas de ordenamiento territorial, la defensa del agua, la vida y el territorio, incorporando e implementando los Planes de Vida Comunitario construidos por organizaciones sociales, ambientales, indígenas y campesinas del Suroeste de Antioquia como procesos autónomos.
  • El ordenamiento del territorio debe incluir la participación social, interétnica, intergeneracional e intersectorial y para esto debe garantizarse el respeto a las consultas populares y a los mecanismos de participación popular, legales y constitucionales, así como los ejercicios de autodeterminación de los pueblos expresados, por ejemplo, en las consultas autónomas.
  • La defensa de nuestro cuerpo no es ajena a la defensa del Territorio. De ahí que son fundamentales los planteamientos que los movimientos de mujeres, jóvenes y trabajadores que han hecho en relación con la defensa del cuerpo y de la salud.
  • Los procesos de educación popular territorial (Escuela de Sustentabilidad) son necesarios para la construcción de territorialidades (Territorio COA) indígenas y campesinas.
  • La participación popular debe estar definida en múltiples encuentros de organizaciones de base, de mujeres, jóvenes, acueductos comunitarios, economías indígenas y campesinas, interculturales, hacia la construcción de agendas propias para la incidencia en las políticas públicas territoriales.
  • Es necesaria la construcción de lo comunitario para los medios de comunicación local. medios de comunicación e información construidos por la comunidad para la comunidad (medios de comunicación popular alternativo).
  • La construcción de Salas Patrimoniales sobre Territorio como proceso de memoria colectiva y de formación popular.

Nuestra Justicia Social y Ambiental para la Paz Territorial la seguimos construyendo

CINTURÓN OCCIDENTAL AMBIENTAL – COA

SUROESTE DE ANTIOQUIA: TERRITORIO SAGRADO PARA LA VIDA

________________

Roa, T., & Urrea, D. (2015). La cuestión ambiental: asunto clave en el proceso de paz. En V. d. Correa-Lugo, Negociación Gobierno – Eln: Y sin embargo se mueve (pág. 274). Bogotá: Ediciones antropos.

www.coaterritoriosagrado.org

 

post

Comunicado #2 – Segunda Travesía por el Suroeste: Un Abrazo a la Montaña

TRAVESÍA POR EL SUROESTE DE ANTIOQUIA: UN ABRAZO A LA MONTAÑA

Justicia Social y Ambiental para la construcción de paz territorial

Cinturón Occidental Ambiental – COA

Agosto de 2016

Los territorios de paz del suroeste antioqueño, los hombres y mujeres indígenas y campesinos que han protegido y protegen las majestuosas montañas del Cinturón Occidental Ambiental colombiano abrazan la construcción de paz e invitan a los pueblos de la región y de diversas partes de Colombia a sumarse al Segundo Abrazo a la Montaña.

La construcción de paz ha sido un anhelo urgente que comunidades indígenas, afros y campesinas hemos estado aclamando durante más de cincuenta años y en el que hemos valorado que el respeto a la vida en sus múltiples manifestaciones, humanas y no humanas, deben ser prioridad para que los pueblos colombianos nos reconciliemos y podamos construir la paz que todas y todos queremos.

Consideramos que el silenciamiento de fúsiles no es suficiente para construir la Paz Territorial, pero es un paso necesario que tenemos que dar, para que nuestras diferencias no se resuelvan con las armas y evitar resproducir múltiples expresiones de violencias que ha generado  niños huérfanos, padres sin hijos, familias desplazadas, hermanos asesinados, amigos desaparecidos, ríos contaminados y montañas destruidas.

Los intentos de superación del conflicto armado con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, y los acercamientos iniciales, entrabados hoy, con el Ejército de Liberación Nacional -ELN-, han puesto arriba de la mesa reflexiones profundas sobre lo que significa la paz y su construcción en el escenario contemporáneo.

Lejos de considerar que la paz se reduzca a la negociación con las insurgencias, como ha sido presentado por el gobierno Santos a través de su sobre exposición mediática, al tiempo que avanzan los procesos de despojo para los pueblos en el país, la paz implica la construcción de la justicia social y ambiental.

Tampoco se debe suponer que dicha construcción inicie en un punto cero, desde los intentos de la superación del conflicto armado, pues comunidades ancestrales y tradicionales, y también urbanas, han realizado ejercicios de paz históricamente; precisamente, estos intentos autónomos y soberanos han sido destruidos sistemáticamente por las elites colombianas organizadas en torno al proyecto económico neoliberal que se expresa en el modelo extractivista: minería, petróleo, represas, agroindustria, etcétera.

El COA y los pueblos del suroeste antrioqueño que en él se articulan, así como tantos otros que sueñan con una vida digna, respaldan la refrendación de los acuerdos con la insurgencia, a través del mecanismo del plebiscito que se ha propuesto desde el gobierno nacional y en el que debe expresarse el acuerdo nacional frente a la desaparición de las FARC como grupo armado, como un punto necesario para la búsqueda de la paz.

Al mismo tiempo, con el Segundo Abrazo a la Montaña el COA invita a la reflexión acerca de las amenazas al territorio que se siguen presentando desde el modelo extractivista y que no desaparecerán con la refrendación de acuerdos con las insurgencias, sino que, infortunadamente, se acrecentarán como consecuencia de las garantías que el gobierno Santos entrega a las corporaciones trasnacionales en lo que se conoce como la paz corporativa, es decir, el intento del ejecutivo colombiano por pacificar al país para entregar amplias zonas del territorio nacional a las corporaciones trasnacionales. Las nuevas amenanzas se disfrazan hoy de pequeñas y medianas centrales hidroeléctricas presentadas como proyectos amigables con el ambiente, los proyectos mineros y también con estrategias de supuestas interlocuciones con empresas nacionales y trasnacionales en las que prima la asimetría de poder en la que la institucionalidad se pone al servicio de intereses económicos, bajo los mismos trasnochados argumentos de la necesidad del desarrollo y progreso, y desconoce los derechos de la población a decidir sobre el futuro territorial.

La travesía por el suroeste antioqueño que abrazará la montaña permitirá la reflexión conjunta y pública sobre estos temas, también el acercamiento como hermanos/as de pueblos en resistencia expresada en el fortalecimiento de las economías campesinas e indígenas, el trabajo juvenil en defensa del territorio, la participación de las mujeres como sujetos políticos primordiales para la dignificación de la vida, y la solidaridad como principio de armonía entre los seres humanos y la naturaleza.